viernes, 19 de julio de 2013

Llegando peligrosamente....


El sencillo beso en la mejilla que me deja Juanjo al irse a trabajar. El mismo beso que le doy a mi hija acurrucada en su habitación profundamente oscura. House me despide en la puerta. Yo con sandalias de Panama Jack (precio medio) falda de Decathlon, camiseta sin marca con  inscripción que dice All you need is love. Siete y treinta AM, mi bicicleta con cesta frontal, mi pelo de varios colores por las canas, el fresco de la mañana y en los audífonos Jonh Denver. Llegar al trabajo...sin trajes, sin tacones, sin coche caro, sin peinado de peluquería...sin muchas preocupaciones. Definitivamente me estoy acercando peligrosamente a mi idea de felicidad.

jueves, 21 de enero de 2010

Terremoto en Haití


La decisión fue repentina, cosas así no hay tiempo de pensarlas. Al otro lado de la frontera Haití se hundía en su más absoluta miseria. No contaba en ese momento con medios, ni siquiera con la estructura necesaria para el desplazamiento hacia Puerto Príncipe, solo podía unirme a alguno de los grupos que salían desde acá. Después de llamar a muchas instituciones, ONGs y embajadas, la solución la encontré en la Cámara de Comercio Dominico Haitiana. A través de ellos podría conseguir traslado y me sugirieron crear una brigada de médicos. Solo contaba con 8 horas para preparar todo el equipo. Saldríamos a las 9 AM desde la Defensa Civil.
No era sencillo convencer a cualquier persona para sumarse al grupo, las condiciones en la región y la premura de la convocatoria no me ayudaban. No obstante pude reunir a dos médicos más: Ernesto García, cubano e Ingrid Camargo colombiana, como paramédico nos asistiría Mauricio Torres el esposo de Ingrid y colombiano también. Iríamos por vía terrestre hasta la frontera dominico-haitiana en convoy con unos 20 bomberos dominicanos, Aldeas infantiles SOS y un grupo de rescatistas españoles (Los Topos) y quedaba a nuestra custodia el traslado de dos camiones y un furgón repletos de ayuda humanitaria recogida gracias a las donaciones hechas por dominicanos.
Salimos finalmente a las dos de la tarde y al llegar a la fortaleza militar de Jimaní nos encontramos los primeros anuncios del caos imperante en la región. La Minustah no ofrecía protección, y los asaltos a los convoys ya eran la regla. El responsable de el grupo de rescatistas españoles me comunica que habían matado ese día a tres cooperantes y que ellos decidieron no pasar con todo el equipo, solamente irían los más entrenados. Tenía que tomar la decisión correcta, no solo por mí que soy madre y dejaba en casa a mi hija esperando mi regreso, sino porque era la responsable del grupo que me acompañaba. No voy a negar que por largos minutos titubee, pero el apoyo que recibimos de Rafael Hernández un haitiano-canadiense y su expresión de máxima angustia fue el detonador para seguir adelante. Esa noche dormimos en el suelo de un hotel en Jimaní, esperando la apertura del puesto fronterizo.
Finalmente salimos pero en grupo reducido, los médicos, algunos bomberos y los camiones. Nuestro zona de trabajo era la comunidad Saint Marie en Canape Vert donde nos esperaban miles de damnificados que solo contaban con la ayuda de una enfermera y algo de medicinas. En el camino pudimos comprobar que Puerto Principe había sido reducido a escombros y que las pocas edificaciones que quedaban en pie estaban maltrechas e infinitamente inseguras. Cientos y cientos de personas se congregaban el los espacios abiertos por el temor a las réplicas que aún continuaban y tratando igualmente de separase del hedor de los cuerpos en descomposición, deseo este último prácticamente imposible.
Llegamos extenuados después de un viaje tan accidentado y de inmediato improvisamos un área de cuidados médicos. No puedo recordar a cuantas personas asistimos, tanto niños como ancianos. Las heridas abiertas, la infección esperada luego de tres días de no haber recibido atención. El hambre, la desesperación de la gente por no poder rescatar los cuerpos de sus muertos, la escasez de agua y la vida que se paralizó totalmente en un país que de por sí ya estaba parcialmente paralizado, era el panorama reinante. No existía labores de rescate y las tropas norteamericanas concentraban sus efectivos en la custodia del aeropuerto (el cual decidieron manejar a su antojo) y en su propia embajada. Muchos de los cooperantes internacionales decidieron retirarse por la falta de garantías para su seguridad.
Brindamos todo nuestro esfuerzo, en la medida en que pudimos, pero dejamos atrás un país desolado y con muy pocas posibilidades de recuperación. A cambio nos llevamos miles de sonrisas y un insistente Merci, Merci, Merci.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Todos tenemos un poquito

Desde la bolsa plástica que sube y baja en el espacio cerrado de la cámara fija o el sudor en la camiseta de Burnham. Cada minuto de American Beauty es memorable. No la norteamericana, todas y cada una de las sociedades modernas están reflejadas en el entuerto de personajes melancólicos, brutales, angustiados, intolerantes, reprimidos o infelices.
Hace cinco años que la banda sonora de American Beauty (como muchas otras) me acompaña en cualquier artefacto reproductor que me rodea. Recuerdo la vez que me llevó hasta los Cerros de Gurabo y mi afán porque los otros también distinguieran cada escena de la película a través de los sonidos. No me daba cuenta de que aunque en el Caribe, era yo también un personaje secundario de la Belleza Americana

martes, 20 de octubre de 2009

Veteranos


Mary you´re covered in roses, you´re covered in ruin
You´re coverd in secret,
You´re coverd in treetops, you´re covered in birds
Who can sing million songs without any words…


María no podía entender aquellas palabras, no sabía inglés y ya había perdido el deseo de leer en español. La música de aquel documental le recordaba el único sentimiento que la acompañaba desde los últimos 27 años: tristeza.
María no comprendía porque ellos protestaban, no lograba entender que cualquier guerra es absurda y no solo la suya. Sintió rabia al ver a un joven veterano mutilado quejarse de olvido. Ella no podía entenderlo.
Viven en los slogan del patrioterismo extranjero, viven en los sticker que ponen en el vidrio del automóvil, viven en este documental que se niega a que sigan existiendo veteranos.
Eso es lo que no les puede perdonar María, sentada al borde de su desvencijada cama, de la sala de psiquiatría del Calixto García. La última vez que vio a su hijo mayor fue cuando lo llevaron al Servicio Militar Obligatorio. La noticia posterior a su partida fue la de su muerte en una guerra lejana. Angola retumba en los oídos de María, no quiere saber donde está ubicada, no le interesa ese pedazo de tierra que vio morir a su hijo.
Con el segundo, el más pequeño, el último, no se atrevió a correr el mismo riesgo y lo conmino al escape, a la salvación. Pero esta vez fue el mar inclemente quién no le permito recibir la buena noticia.
María no entiende de qué se quejan. Sus hijos son secretos de un Estado, muertos sin nombre, ella es la veterana de una larguísima guerra que no termina ni siquiera con el fuerte corrientazo del electroshock.

sábado, 3 de octubre de 2009

Cintio Vitier

Ana Rosario apenas lo recuerda físicamente, solo menciona a los abuelitos de Paseo. Me enteré de la muerte de Cintio por una página web que visito con regularidad, como no lo había visto en la prensa oficial, mi primera reacción fue confirmarlo telefónicamente.
Muchas tardes pasamos en la salita del primer piso de su apartamento del Potín. Cintio Vitier y Fina García Marruz nos regalaban horas llenas de café y divertidísimas conversaciones, muchas llenitas de recuerdos.
Cintio era además del poeta que todos conocemos un típico hombre caribeño. Machísimo, encantador no perdía un momento para halagar la belleza femenina aunque fuera la mujer más fea del mundo. O por igual y sin quererlo (me imagino) hacer notar que el hombre era él.
Algunas tardes también pasaban por nuestra salita de la calle 11, en ese caso el café iba por nosotros, o simplemente el vaso de agua fría. O cuando pasaban a recoger el pan que gustosamente les hacía nuestro amigo Sergio el panadero, con ración extra de aceite. Y los viajes a Matanzas donde esperaban Gisela y Zaldivar con sus libros artesanales que Cintio guardaba como tesoro en sus anaqueles repletos de volúmenes.
Noches enteras estuvimos transcribiendo en la pequeña Olivetti la copia final del libro que ellos premiaron, en una mano el manuscrito, en la otra la bebé amamantando. Ana Rosario casi no lo recuerda pero tanto él como Fina estuvieron muy pendientes de su nacimiento y luego de convertirla en devota de José Martí.
Me cuesta mucho referirme a Cintio, me apena reconocerlo, es que siempre dije Cintio y Fina. Eran tan indisolubles que a muchos nos sorprendía la risa cuando decíamos Fino y Cintia, para ellos era un honor.
Ana Rosario apenas le recuerda pero acaba de morir Cintio, el enorme poeta, el martiano incorregible.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Hombres con pantalones bien puestos

Juanes y Miguel Bosé, ambos me dejaron con la boca abierta. No por el concierto, no, sino por su coraje. En primer término sabían perfectamente a donde iban y lo mantuvieron todo, tanto las alegrías como los enfados muy en un segundo plano. Que no se transparentara lo que iba ocurriendo en la Isla en medio del mar, su objetivo estaba muy bien definido.
Según palabras de Juanes: Estamos diciendo cosas importantes sobre la gente joven de Cuba y subraya la gente joven de Cuba carajo por el futuro de Cuba eso estamos haciendo aquí y hemos encontrado una barrera muy fuerte, no lo vamos a permitir, punto se acabó…no, no y no, no me voy para esa habitación aquí nos vamos a quedar todos. Cuando quieran hablar aquí estamos.
Creo que además de haber llevado un rato de guaracha sin pensamiento gastronómico, este momento si abrió algunas compuertas que hasta ese minuto estaban clausuradas para los ojos turísticos de ambos cantantes.
Esa persecución, ese delirio de vivir en la cabeza del otro, ese acoso ilimitado y el llevarte a el lugar donde nadie pueda ver y así actuar sin testigos, es lo que vivimos todos los cubanos día a día, allá o aquí, siendo el aquí cualquier punto de la geografía mundial.
Gracias a ambos, vuelvo y repito no necesariamente por el concierto sino por el coraje del intento y de la consumación.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Intolerancia y locura

Hace ya 15 años aproximadamente tuve el honor de participar en los inicios del proyecto cubano de obtención de órganos para trasplante. Filosófica y éticamente no era una tarea fácil, había que leer mucho para entender que era la muerte biológica y luego la muerte cerebral. Hoy prácticamente en el mundo entero esto se da por entendido. En aquel momento no era así.
Tuve la buena o mala suerte de que en mí como profesional se fundieran dos especialidades: Cirugía y Cuidados Intensivos, lo que hizo que me viera forzada tanto a trabajar en la mantención del donante como en la extracción de los órganos. Aclaro que nunca compartí al mismo tiempo los dos roles. Pero puedo decir que tuve unas experiencias inolvidables.
Cierta noche del 1995 un accidente absurdo costo la vida a un joven cubano, el trauma craneal que sufrió al ser lanzado de un vehículo en marcha le provoco la muerte encefálica. El joven tenía todos los requisitos para ser un donante adecuado, incluso en su carnet de identidad tenía el sellito de donante voluntario. Este sello no tenía fuerza legal real por lo que a los familiares siempre se les pedía la autorización para la extracción-donación de órganos. En este caso en particular recuerdo que el padre se negó al proceso alegando que nunca un “desgraciado comunista” llevaría los órganos de su hijo. Cierto es que la aceptación de una petición de este tipo en medio del duelo por la perdida es difícil de aceptar.
Pero este recuerdo me vino a la mente cuando leí en Facebook un comentario de una joven llamada Grace. Ella hacía referencia a una vieja noticia, ocurrida en 2005 cuando la incursión israelí en Jenin. Ahmed niño palestino de doce años, hijo de Ismail Khatib murió a consecuencia de los disparos que por error le propinaron los soldados israelíes.
El sábado mismo en que ocurrió la muerte, en el minuto preciso del desenlace final, Ismail y su esposa decidieron donar los órganos de su hijo musulmán a dos niños judíos y otro drusaí.
No es asunto de perder el camino ni renunciar a los principios que creemos como válidos, pero cuando la intolerancia llega a convertirse en locura ni los niños se pueden salvar.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Tres en un día

Tengo diez años fuera de Cuba. Sin regresar. Cuando salí de La Habana (como dice la canción infantil) estaba segura de que mi país era noticia en todas las televisoras, periódicos y revistas del mundo. Si no en todas al menos en el 80 por ciento de ellos. Con el tiempo y con la perenne manía de leer cada amanecer más de seis periódicos y de ver algunos noticieros importantes de varios continentes, me dí cuenta de que aquella idea era absolutamente falsa. Cuba no es necesariamente noticia.
Esta afirmación me ha traído más de una discusión y no pocos epítetos. Desde vende patria hasta americanizada. Para mí sí, cada palabra dicha en esa isla, cada movimiento que se de, es una noticia para mí. Eso no lo puedo negar.
Pero hace un par de días coincidieron tres noticias sobre Cuba y esta vez en muchos periódicos del mundo:

1. Cuba autoriza acceso libre a internet
2. Cuba: luz verde a taxis privados
3. Muere líder revolucionario cubano

No deja de sonrojarme esto. Vivo al lado de Haití que está categorizado como el país más pobre del mundo y que ha sufrido varias dictaduras. Sin embargo las dos primeras noticias podrían resultar extrañas si provinieran de Puerto Príncipe. La tercera me deja perpleja a mí.
Hace algunos años se rumoró (deporte preferido de los cubanos: el rumor) que ese revolucionario había renunciado a su militancia partidaria incluso que había sufrido un infarto en una discusión. Pero las últimas noticias del octogenario líder estaban más vinculadas a su hijo JJ que a él mismo o a sus responsabilidades dentro de la maquinaria gubernamental.
Lo cierto es que renunciado o no, con hijos disidentes o no, Juan Almeida Bosque murió junto a su pandilla, esa misma que hace que Cuba sea noticia porque permiten Internet o un poquito más de taxis en La Habana.

De la adoración al aburrimiento

Hace aproximadamente dos años, en casa dedicábamos horas enteras y seguidas a ver los brillantes diagnósticos y los trastornos de la personalidad de Gregory House. No solo a mí que soy médico se me fueron horas pegadas a un sofá, sino a una legión de hombres a los que les fascinaba esa personalidad controversial y de mujeres que estábamos enamoradas de ese tipo feo y despiadado, pero genial.
Un día mi hija me dijo entre risas (hago constar que ella quiere ser médico, pero solo tiene 16 años) -Ahora la muchacha empieza a toser, mamá- y de pronto comienza a echar sangre por la boca. Aquí llegará Dr. House y dirá que le pongan esteroides y que le hagan una RMN, mientras que los otros médicos, los pobres, los cuales su único criterio de selección era que tuviesen en su ADN una muestra considerable de pushing bag, se asombran y discuten exactamente lo mismo que en el capítulo anterior. Lupus, Sarcoidosis, Lupus, Amiloidosis
Tiene razón mi hija. A estas alturas no logro sostener el parpado superior en posición de ojo abierto ni por 15 minutos. Parezco una eterna miasténica. Ni sus diagnósticos me parecen brillantes ni su personalidad me enamora. Toda pedantería y snobismo tiene un límite de aceptación. Para mi fue de dos años, ya no más, al final me he dado cuenta de que me gustan más las personas normales y las historias reales. A mi House se me desinfló.

miércoles, 12 de agosto de 2009

¿El artista adolescente?

Stephen Dedalus se fue a París y Juanes a La Habana. Los dos querían desarrollar sus facultades ocultas, el personaje de Joyce se convertiría en escritor y Juanes en el mensajero de la paz.
En el mundo real la actividad artística, en especial la música, se mueve como una empresa perfectamente engrasada. Desde el contratante, el productor, los abogados que ponen en orden los términos de la actuación, el personal técnico de apoyo y en algún que otro lugar los músicos invitados como contraparte. En el caso de esta presentación de Juanes, tan pero tan ingenua, todo el movimiento empresarial se reduce a un permiso que debe darle el estado cubano, siendo este el último el que decide el como, el cuando y el donde, ah y lo más importante, los quienes.
Hay dos cosas que me llaman la atención. Entre los invitados de Juanes no encontré nombres de músicos ni productores cubanos radicados fuera de la isla, algunos de los cuales han hecho varias peticiones de actuar en su propio país y se les ha denegado.
Sería interesante ver cual sería la reacción de Juanes (ya que el vive fuera de su país) si un día no pudiera volver a cantar a su natal Medellín.
El otro tema es sobre algunos comentarios que se refieren a que Juanes hace bien, porque a los cubanos de dentro de la isla también hay que darles diversión. Bueno hombre, seamos sensatos, como decía Marx, primero hay que comer, tener techo y abrigo…Por una parte le llevan música y por la otra les anuncian más restricciones.
Si Juanes va a llevar un mensaje de paz como él dice, espero que sea claro. La ausencia de tranquilidad de los cubanos nada que ver con causas externas.
A mí me seguirán gustando sus canciones, a menos que caiga en la decadencia absoluta como le pasó al diputado Silvio Rodríguez. Me da igual si canta en la Plaza de la Revolución, como en la ducha de su casa de Miami. Pero lo que sí que no voy a compartir es su argumento adolescente de embajador de la paz.
PD. Por favor si alguien puede decirle a Juanes que averigüe por qué en Cuba se prohibió a Rubén Blades. Creo que es un datico interesante.

domingo, 2 de agosto de 2009

Celebraciones de agosto

Llevamos 50 años obligados a “celebrar” cada 13 de agosto el cumpleaños de Fidel Castro. Como si fuera un familiar cercano o el amigo más preciado. Y creo que es un derecho de quien quiera hacerlo. Como es un derecho también el poder celebrar en agosto otro nacimiento, pero en este caso de un suceso social que pone en entredicho la satisfacción popular con el cumpleaños del Jefe.
Hace ya 15 años se produjo la primera revuelta multitudinaria de la que tengo recuerdos. Ese día Camilo llegó a la casa en su bicicleta vociferando enloquecido: Esto se jodió, esto se jodió. Venía pedaleando desde La Habana Vieja y logró ver todo el movimiento desde adentro. En cambio, yo estaba en casa tratando de dormir a nuestra hija que entonces era pequeña y el calor infernal la ponía muy irritable. Le imploré a mi madre que cuidase de la niña, fue más, llegué a amenazarla para que se quedase con ella y así yo pudiera ser testigo igualmente del final que tanto estábamos esperando.
Con la libertad de movimiento conseguida salimos para el Malecón, pero mi visión fue muy distinta a la que capturó Camilo en su trayectoria de Este a Oeste. A la altura de 3ra y D llegaban los camiones repletos de constructores del Blas Roca, quienes desnudaban sus torsos para que no fuera identificable la insignia de las brigadas, y con palos, tubos y cabillas en las manos eran enviados a repeler de Oeste a Este a los que por voluntad propia venían en la manifestación.
Recuerdo que en la televisión se dio la visión triunfalista del patriarca vencedor dentro de la multitud que aparentemente cambió el grito de Fidel asesino por el de Viva Fidel. La otra versión que circularon los medios oficiales fue que el mismo pueblo sofocó la manifestación. Puede que la mayoría lo creyéramos así, no tuvimos acceso a ningún reportaje gráfico que lo desmintiera. Pero eso cambió a finales de julio de este año, al menos para mí.
Por primera vez entendí porque Camilo llegó vociferando enloquecido aquel día. La magnitud de lo que vio era suficiente para que llegara el final.
Fue a través de Facebook que conocí de un material fílmico amateur (http://www.youtube.com/watch?v=Sdr7CwQtOAw) que recoge varios minutos de ese día. Pude ver tanto a los manifestantes como a la policía reprimiéndolos brutalmente. Cientos de policías, un enorme parque de carros policiales alineados en el Malecón. La versión oficial quedó destruida, ni eran pocos los manifestantes ni fue el pueblo quien los repelió. Ya hoy tengo el panorama completo.
Por eso existe una razón muy fuerte para convocar a la celebración de un suceso realmente importante para nosotros los cubanos. El Maleconazo del 5 de agosto del 1994 fue el movimiento popular espontáneo más importante de los últimos 50 años en Cuba. Eso sí es una razón para celebrar en agosto, como hermanos, como los amigos más apreciados.

jueves, 23 de julio de 2009

Aquí está Facebook

Esta maravillosa herramienta social tiene varias utilidades. Encuentras amigos, permaneces con ellos, los puedes ver en sus álbunes de foto y de paso te enteras de cómo andan sus vidas familiares…las fotografías de sus hijos. Y te ríes porque recuerdas a tus amigos jóvenes y al ver a sus hijos haces un viaje de regresión al pasado.
Sirve también para saber “lo que piensan” tus amigos facebooceros, lo escriben ellos mismos, no tienes la necesidad de preguntárselos y ves la respuesta de la comunidad a la que por voluntad te inscribiste. Te haces amigo de desconocidos y vas creando una sociedad ideal, donde siempre se pasa bien.
También es una herramienta política muy efectiva, para políticos reales, para bloggeros políticos y para todo el que quiera apoyar o convocar. Y evidentemente ha dado resultado.
Ahora lo que más me ha sorprendido de Facebook es que también se convirtió en un psicólogo personal, que trabaja particularmente el área de la autoestima. Entre sus galletitas de la suerte y sus innumerables encuestas puedes llegar a ser la persona que realmente deseas o sueñas ser. Te proporciona la trampa adecuada para que lo logres. Por ejemplo, yo hice una de esas encuestas muy pero muy elementales. Trataba sobre la inteligencia y por desgracia caí en el rango de si no era fronteriza casi me podían llamar oligofrénica. Demás está decir cuanto miedo sentí al imaginar que estos ciento y pico de amigos se enteraran de mi “real” inteligencia. No, no lo podía permitir y entonces me puse a registrar y me di cuenta de que si le daba a saltar en vez de a publicar, esta catástrofe no saldría a la luz pública. Uffff, cuanto alivio, pero mejor aún puedo dar y dar hasta encontrar la respuesta que me gustaría que conocieran de mí, incluso con las galletitas, que de azar tienen solo la velocidad de escogencia entre las posibilidad que uno mismo quiera.
Por eso, esta última facilidad que nos regala Facebook creo que finalmente puede ayudar a no dilapidar nuestra precaria economía en psicólogos, ni siquiera en amigos presenciales o telefónicos. Si estás deprimido háblale a Facebook, el está aquí siempre para complacerte.

miércoles, 22 de julio de 2009

El llanto de un hombre

Será nuestra precaria educación sentimental o la conducta adquirida en cuanto al manejo de las emociones, pero siempre entendí que los hombres no lloran. Tanto condicionamiento me hace pensar que cuando son ellos los que lo hacen, lo hacen de verdad, porque sufren o porque temen.
A las mujeres se nos da llorar mucho más fácilmente. Yo he llorado viendo a mi hija dormir y también he llorado cuando al final del camino llego muy cansada. Tal vez por eso no nos crean, como si las lágrimas femeninas no fueran tan genuinas.
Pero en estos días vi la foto de Ryan Oneal (el eterno Oliver Barret) cuando ya no había nada que hacer. Su ángel había remontado vuelo para siempre. Y será mi precaria educación sentimental, pero estoy segura de que el llanto de ese hombre era tan duro y sincero como cualquier llanto mío.

lunes, 20 de julio de 2009

Adiós Frank MacCourt


La leí recién salidita del horno, algo que no era tan fácil en La Habana de aquellos tiempos. En familia la disfrutamos, y también la película que vimos años después ya lejos de La Habana.
Recuerdo que alguien decía que Candilejas, la película de Chaplin hacía llorar y reír sin pausa entre ambos actos. Eso fue lo que me sucedió con la historia de la vida de Frank MacCourt. Recuerdo el frío que él sentía en “Roma”, el único pedacito de la casucha de Limerick que no se mojaba o la muerte de Eugene. MacCourt fue un inmigrante atípico al dejar New York y más tarde volver a ella. Seguro nunca se propuso llegar a un Pulitzer ni a que su primera obra llegara tan pronto al celuloide.
He recomendado tanta veces esta novela como tiempo atrás lo hice con El gran Meaulnes. Este maestro de literatura y Bob Gedolf pusieron Irlanda en mi mapa imaginario a recorrer.
Seguro que a estas horas ya está con Ángela y contándole como la hizo famosa después de haber pasado tantas tristezas.

viernes, 17 de julio de 2009

A propósito de “La generación extraviada” de Ángel Santiesteban


Repasando como cada mañana la prensa digital, leí el post de Ángelito publicado en Encuentro. Casi de manera bucólica describe como su generación (de escritores), sus amigos más cercanos se fueron dispersando por el mundo, incluso como algunos tuvieron que renunciar a su pasión primera: La literatura.
Pero no es solo la generación Santiesteban la diezmada en el suelo patrio. Son cuatro generaciones de cubanos que nos hemos ido desintegrando, poco a poco y hacia los lugares a los que hemos podido llegar. No siempre el que hubiésemos querido.
A mi generación profesional, la de médicos le sucedió exactamente lo mismo. Nos dispersamos, hacemos cosas muy diferentes para la que nos preparamos.
República Dominicana, lugar donde resido es también un productor natural de emigrantes, pero cada fin de año el Aeropuerto Internacional de las Américas contrata músicos y bailarines para que reciban a los emigrados que retornan por breves días a enchumbarse de su lugar natural.
A nosotros no nos sucede lo mismo, a muchos incluso se nos niega el retorno. Entonces recurrimos al único espacio común que nos queda: Facebook, ese es nuestro aeropuerto, nuestro bar, nuestro parque, las avenidas que ya no podemos recorrer.
En la fotografía que ilustra este post se me ocurrió hacer un ejercicio de ausencias, ni siquiera bucólico, como cirujana, lo hice a punta de bisturí. Éramos nueve adultos, sólo uno no era cubano, de este modo lo podemos despejar. Quedan ocho, tres de ellos emigraron a Miami: Ernesto cirujano oncólogo con su esposa economista y Abilio el intensivista. Me van quedando cinco: Liliana la internista vive en Uruguay, Alfredo el cirujano se asentó en Las Baleares. Nos redujimos a tres y aunque debía contarme de última, caigo también en el despeje imaginario…vivo en Santo Domingo.
Finalmente se mantienen allí (creo yo) dos de los ocho fotografiados aquel día. Lily y Marcelino ambos cirujanos. Si no es record, por lo menos es un buen average para la desintegración generacional. Por suerte conservo la fotografía.

jueves, 9 de julio de 2009

Con estos ojos


Lo vi, no me lo contó nadie. Iba camino al trabajo. Del otro lado de la carretera me pareció verlo pero no le dí crédito. Espere impacientemente la hora de salida. Bajo un torrencial aguacero puse el freno de manos, encendí las luces de emergencia y bajo un torrencial aguacero bajé del carro. Tenía que fotografiarlo, nadie me creería si no tenía las pruebas testimoniales. Esto que ven aquí lo vi yo, con estos ojos que tengo aquí en la puntica de la nariz. Como diría mi abuela ¡Ave María Purísima! ¡ Solavaya!

Prefieren no decirlo

Se conocen hace tantos años que se pusieron viejos juntos. No logran separase aunque para nada están juntos. Jamás se han dicho una frase cariñosa, cuanto menos que se parezca a un reclamo de amor.
Cuando se abrazan lo hacen con tanta intensidad que pareciera que están en medio del mar aferrándose al trozo de madera que les salvará la vida. Ninguno de los dos ha besado así jamás, pero prefieren mantenerlo en secreto.
Son referentes y espanto, son iguales y contrarios, pero no lo hablan. Se sienten mejor cuando están de espaldas, así no se dan cuenta de su realidad, prefieren no decirlo, me lo contaron a mí y por separado.

miércoles, 8 de julio de 2009

Cuanto me divertí con el recuerdo

Trasteando las teclas para encontrar la imagen adecuada del post que antecede a este, me enredé con los recuerdos. Una tras otras comencé a oír las canciones de los Bee Gees.
Las que me hacían sudar de tanto brincar, las que cantaba casi gritando gracias a Rojas (Rojitas) mi compañero de secundaria que como recién llegado de Londres, se las sabía todas.
Las otras, las que servían para bailar bien apretaditos cuando con permiso de los papás, dueños de la casa dejaban encendido solamente un bombillo pintado de rojo. How deep is your love, Too much heaven, In the morning, Staying alive, Grease, Fever night, More than woman…Mi hija ya protesta, demasiada música vieja, pero se ríe porque me ve reír a mí, llena de recuerdos felices.

Reanimación cardiopulmonar

Hace un par de días encontré en la web una nota que hacía referencia a un método muy práctico para dar reanimación cardiopulmonar. No fue un invento de unos locos, el ensayo salió de la Asociación Americana del Corazón.
Para que una reanimación cardiopulmonar (RCP) sea efectiva el bombeo debe constar de alrededor de cien compresiones por minuto. Todos los que alguna vez hemos estado involucrados en estos menesteres sabemos que este ejercicio cansa y que por consiguiente la cantidad de compresiones puede disminuir lo que podría resultar en una RCP fallida.
El estudio se hizo en la Universidad de Illinois donde se comprobó que los reanimadores que oían la canción en sus Ipods fueron más efectivos (el ensayo se hizo con maniquíes por si alguien se ofende en su sensibilidad más profunda). Posteriormente la segunda y última parte del ejercicio fue sin la intervención del aparatito digital, solo con recordar la canción bastaba.
El hecho es simple mantener el ritmo es lo más importante para mantener la vida en un corazón que desfallece y eso estoy segura, que los Bee Gees ni se lo imaginaron. Según decían los hermanos Gibbs: La vida no va a ningún sitio, pero alguien me ayuda. Yo me mantengo vivo….ah, ah , ah, ah staying alive

Mensajes alternativos

Siempre encontramos artilugios para comunicar un sentimiento, dejando rastro en lo que no son nuestras propias palabras. Por suerte alguien se expresó antes que nosotros mismos. Definitivamente la herramienta más socorrida para este fin es la música, más exactamente la canción.
Recuerdo que siendo muy joven, Orlando Pita, mi querido amigo, necesitaba deshacerse de un amor que se le había echo viejo entre las manos y por vergüenza no sabía como ponerle fin. Se nos ocurrió una estrategia simplísima pero efectiva. Colocar una canción en el momento justo para que la novia se sintiera aludida y fuera ella quién pusiera fin a la relación. Era una gangosa canción de Julio Iglesias, no recuerdo que decía pero encerraba melódicamente lo que Pita no quería pronunciar. El resultado fue el esperado.
Muchas veces me descubro en mi carro asintiendo con la cabeza cuando parte de una lírica se ajusta a lo que yo quisiera decir, la mayoría de las veces son temas tristes y me remonto en ellos una y otra vez, como si el cantante me ayudara a entenderme a mí misma.
Estoy convencida que no soy la única persona que sufre de este tipo de apropiación. Es que resulta cómoda y aparentemente inofensiva. Además colocados a la intemperie pueden servir para explicar más de una situación. Las canciones fueron escritas para todos y eso nos sirve de buena excusa. De este modo, para ti, para ella, para él y para mí nos sirven como mensajes alternativos.