
En el mundo real la actividad artística, en especial la música, se mueve como una empresa perfectamente engrasada. Desde el contratante, el productor, los abogados que ponen en orden los términos de la actuación, el personal técnico de apoyo y en algún que otro lugar los músicos invitados como contraparte. En el caso de esta presentación de Juanes, tan pero tan ingenua, todo el movimiento empresarial se reduce a un permiso que debe darle el estado cubano, siendo este el último el que decide el como, el cuando y el donde, ah y lo más importante, los quienes.
Hay dos cosas que me llaman la atención. Entre los invitados de Juanes no encontré nombres de músicos ni productores cubanos radicados fuera de la isla, algunos de los cuales han hecho varias peticiones de actuar en su propio país y se les ha denegado.
Sería interesante ver cual sería la reacción de Juanes (ya que el vive fuera de su país) si un día no pudiera volver a cantar a su natal Medellín.
El otro tema es sobre algunos comentarios que se refieren a que Juanes hace bien, porque a los cubanos de dentro de la isla también hay que darles diversión. Bueno hombre, seamos sensatos, como decía Marx, primero hay que comer, tener techo y abrigo…Por una parte le llevan música y por la otra les anuncian más restricciones.
Si Juanes va a llevar un mensaje de paz como él dice, espero que sea claro. La ausencia de tranquilidad de los cubanos nada que ver con causas externas.
A mí me seguirán gustando sus canciones, a menos que caiga en la decadencia absoluta como le pasó al diputado Silvio Rodríguez. Me da igual si canta en la Plaza de la Revolución, como en la ducha de su casa de Miami. Pero lo que sí que no voy a compartir es su argumento adolescente de embajador de la paz.
PD. Por favor si alguien puede decirle a Juanes que averigüe por qué en Cuba se prohibió a Rubén Blades. Creo que es un datico interesante.