
Mucho se ha estudiado la mitología griega y a cada historia se trata de dar una explicación racional. El vellocino parece no haber sido más que la piel de carnero, arrojada a los río para detener las pepitas de oro, que entre sus pelos quedaban atrapadas.
Finalmente buscamos nuestro vellocino, sin darnos cuenta de que muchas veces somos los mansos carneros a quienes otros en su búsqueda, despellejan para atrapar sus propias porciones de oro.
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